La fe, por si sola, no mueve montañas.
Foto: FdV| RICARDO GROBAS
El ambiente en Balaídos antes del partido era de fiesta. Se notaba la ilusión de la afición por alcanzar las semifinales de Copa en un año tan especial como el del centenario. A pesar de las restricciones por parte de las autoridades «competentes», el recibimiento al autobús del equipo fue espectacular, con cánticos y fuegos artificiales que denotaban la pasión por este club.
No obstante y pese a la entrega de todos aquellos que acudieron al campo, todas las bengalas se apagaron de golpe y porrazo. En el minuto 2, Oyarzabal nos arrebató la fe que muchos habíamos puesto en este partido. Este tempranero tanto de los txuri urdin fue un mazazo. Se desvanecían de golpe los sueños de una noche, que hasta ese momento parecía que podía ser mágica. Aun así, la parroquia celeste no dejó de animar, confiando en la reacción de un equipo que se veía, desde muy temprano, superado tanto en el luminoso como en el juego.
La segunda parte comenzó con el Celta subiendo un poco la presión, pero sin apenas generar nada. Poco cambiaba el guión. Al equipo le costaba generar o mejor dicho, encontrar algo de juego. Aspas se sumó al verde en el minuto 64 para intentar revertir una situación que se antojaba imposible, ya que en esos momentos el equipo tenia ya una desventaja de dos goles. Con el paso de los minutos, la esperanza iba desinflándose. Hubo un mínimo sueño de poder llegar a empatar el partido en el minuto 92 pero como siempre le pasa a este equipo, ya fue demasiado tarde.
Aunque la afición no dejaba de alentar, cosa que es buena pero demasiado conformista e incluso diría que algo adormecida. ¿Ya no queda nada de aquel celtismo insurrecto e inconformista de otras épocas? Si había algo que no gustaba, se decía y punto. No les gustaba que jugasen con los sueños de la gente y lo peor de todo, con la ilusión de los niños que acudían al campo a ver a «su» Celta.
Sea como fuere, el pitido final solo hizo confirmar la triste realidad de un equipo que está en caída libre, un equipo que siempre pudo ser pero no fué, que aún puede ser pero no quieren que sea. Recordad que hay quien prefiere al Celta B en Segunda que al Celta en competiciones europeas. Ese alguien ya no está en la directiva, pero todos sabemos que si.