La pasada madrugada, el estadio de Abanca Balaídos vivió un pequeño sobresalto que mantuvo en vilo a los aficionados del Celta de Vigo. Un aparente incendio en los vestuarios del Celta de Vigo llevó a la intervención rápida y efectiva de los valientes bomberos de Vigo, en una escena que bien podría haber sido sacada en un documental de intervenciones de los miembros de los bomberos.
Según fuentes de La Voz de Galicia, la situación se originó cuando atentos testigos alertaron a los bomberos ante la visión inquietante de una densa nube de humo que parecía emerger de una de las ventanas del vestuario celtiña. La incertidumbre se apoderó del recinto, y mientras la noticia se propagaba como reguero de pólvora entre los seguidores, la acción de los bomberos no se hizo esperar.
Sin embargo, el drama no tardó en dar paso al alivio en el Celta. Una vez en el lugar, los valerosos bomberos determinaron que el temido incendio no era más que una falsa alarma. La nube de humo que había mantenido en vilo a todos los presentes resultó ser, en realidad, una inofensiva concentración de vapor de agua. ¿Cómo es posible que el misterio se haya desvanecido tan rápidamente? Según se ha informado, esta inusual emanación podría haber surgido de las duchas del vestuario, causando un efímero espectáculo que dejó a todos con el corazón en un puño.
Así pues, la conclusión es clara: la alarma inicial resultó ser más humo que otra cosa, aunque en este caso literal. La escena, que pudo haberse convertido en un incidente memorable en la historia de Abanca Balaídos, no pasará a la historia más que como un curioso episodio en el cual el vapor de agua nos recordó que, a veces, las apariencias engañan y que incluso en el mundo del deporte, la adrenalina puede encontrarse en los lugares más insospechados. Y si no, que se lo digan al Celta de Vigo.