El Celta más caro con los peores resultados
Foto: XOAN CARLOS GIL
El Celta de Vigo esta temporada cuenta con su plantilla más cara pero esto no se refleja en los resultados en LaLiga.
Muchos aficionados celestes, y alguno ajeno al Celta de Vigo, son los que se preguntan si se está valorando por encima de la realidad a los jugadores del primer equipo celeste. Desde una perspectiva económica y basándonos en los resultados, la respuesta parece bastante clara. A pesar de tener el décimo tope salarial más alto de la liga, con 79,8 millones de euros, lo cual representa un aumento de casi quince millones con respecto al año anterior, el equipo se ha mantenido persistentemente en la parte baja de la clasificación. Por otro lado, el Girona, con un límite salarial de 51 millones, lidera la tabla, demostrando que el éxito no siempre está vinculado al presupuesto.
Con la llegada de Rafa Benítez y la visión de Marián Mouriño, la presidenta del club, se puso énfasis en invertir en el campo y fortalecer el primer equipo. Se liberaron más recursos económicos para fichajes, marcando un hito histórico en términos de control financiero.
Teóricamente, bajo la dirección de Luís Campos, el Celta construyó una plantilla con el objetivo de establecerse sólidamente en LaLiga. Se invirtieron 26,7 millones de euros en nuevos fichajes, destacando la compra de Tasos Douvikas por 12 millones. Carles Pérez y Carl Starfelt también representaron desembolsos significativos para el Celta.
Sin embargo, hasta el momento, la mayoría de los jugadores no han cumplido con las expectativas, ya sea debido a problemas colectivos en el juego o a cuestiones personales. A día de hoy, ninguno de ellos parece valer lo que indica su tasación de mercado, que ya ha experimentado una revisión a la baja, situándose en 107 millones en la actualidad.
Además, los contratos a largo plazo, las generosas compensaciones económicas y las amortizaciones se perfilan como una carga significativa para el futuro. Esta herencia problemática de la época de Luís Campos, el asesor deportivo ausente, podría empeorar aún más en caso de un posible descenso a Segunda División, después de doce años en la élite del fútbol español.